Con mucho gozo y gratitud quiero compartirles algo de lo maravilloso que el Señor me permitió vivir en los días pasados en Cuba.
Participé como conferencista en tres retiros para esposas de pastor compartiendo tres mensajes en cada retiro. En cada uno hubo una asistencia de entre 70 y 90 mujeres. Estas son preciosas hermanas muy necesitadas. Muchos de los esposos pastorean varias iglesias en las casas, no han recibido preparación formal en un seminario, y el ministerio les absorbe todo el tiempo. Esto hace que muchas de las esposas deban llevar solas la carga de la familia en medio de indescriptible estrechura económica, además de estar totalmente dedicadas al ministerio junto a su esposo. Dios me dio la oportunidad de compartir una a una con ellas y tratar de ayudarlas en su necesidad.
En medio de tanta dificultad, estas hermanas tienen un deseo inmenso de servir al Señor, y muchas de ellas lo hacen con gozo. Tengo bien frescos en mi mente la fuerza y el entusiasmo con los que cantan y alaban a Dios.
Para mí fue un tremendo privilegio compartir con ellas estos diez días. En lo personal, y gracias a las oraciones del ustedes, no experimenté ninguna dificultad: el viaje fue seguro, no tuve problemas de salud, y Dios me dio las fuerzas para todo lo que hice.
Simplemente quiero decirle ¡muchas gracias! a cada uno de ustedes por haberme sostenido con sus oraciones. Puedo decir con el antiguo himno: “Placer verdadero es servir al Señor; no hay gozo más grande ni paga mejor”.
Con aprecio y gratitud,
Alicia Zorzoli










